Diseño de riego en el plano: del cálculo del agua a las mediciones
Proyectar el riego de una propiedad obliga a encadenar decisiones: cuánta agua pide cada zona, qué emisores la aplican, cómo se reparte el caudal disponible en turnos y qué material hay que comprar. GestGarden reúne ese recorrido sobre el plano del jardín, de modo que el cálculo y el dibujo trabajen con los mismos datos y el resultado llegue hasta la lista de materiales valorada. No hace falta saber hidráulica para seguirlo: donde el programa calcula algo, indica también qué significa el resultado y qué conviene revisar si no cuadra.
Empieza por medir el agua de la que dispones
Hay tres datos que se miden en la propiedad y no se pueden suponer: el caudal de la toma en litros por hora, la presión dinámica en bar y la superficie de cada zona a regar. El caudal se obtiene llenando un recipiente de volumen conocido y cronometrando; la presión, con un manómetro y el agua corriendo, porque la lectura en reposo resulta más alta que la real.
Conviene no diseñar al límite del caudal medido. En el apartado de emplazamiento puedes fijar una reserva de caudal: si la toma da 1.000 litros por hora y reservas un 25 %, el dimensionado se hace con 750. Así la instalación sigue funcionando cuando alguien abre un grifo en la vivienda. Junto a estos datos se describen el origen del agua, el tipo de suelo, la pendiente y las restricciones de la parcela, como servicios enterrados o zonas donde no se puede excavar.
Sin caudal ni presión puedes dibujar el riego igualmente, pero el programa no podrá comprobar si el diseño funciona y lo indicará en el resumen. Medir antes de empezar evita rehacer la sectorización más adelante.
Calcula cuánta agua necesita cada zona
El cálculo parte del clima. Puedes elegir un perfil con la evapotranspiración de referencia y la lluvia de los doce meses, reutilizable en todas las propiedades de la misma comarca, o introducir los valores a mano. Marcar que se considere la lluvia efectiva hace que la precipitación descuente riego, algo razonable al aire libre y no en invernadero. En los ajustes indicas además la ventana de riego de la que dispones cada día, que el programa utilizará para comprobar si todos los turnos caben en ella.
Una zona es un trozo de jardín con la misma planta y el mismo sistema de riego: el césped es una zona, el seto perimetral otra y los frutales otra. Para cada una indicas un código, la superficie, el cultivo —que rellena los coeficientes de consumo de los doce meses— y el sistema de riego con su eficiencia. Si enlazas la superficie a un polígono dibujado en el plano, se actualiza sola al mover los vértices. Anota el código con cuidado, porque es el que relacionará esa zona con los emisores que dibujes después.
El resumen devuelve el área total, el mes punta y cuántos litros al día pide, la zona que marca el dimensionado, el caudal disponible una vez descontada la reserva y la sectorización mínima: cuántos turnos de riego harán falta como poco. También reúne los avisos que impiden validar el diseño, como un caudal sin medir o un suelo arcilloso en pendiente.
Dibuja la instalación sobre el plano
El panel de herramientas de riego incorpora aspersores y emisores, tuberías y líneas de goteo, válvulas, raccords, arquetas, la toma de agua y el programador. La primera toma que coloques hereda el caudal y la presión indicados en el cálculo de necesidades, para no teclearlos dos veces; si hay varias tomas, el caudal disponible es la suma y la presión de referencia, la más baja. Lo que figure en el plano prevalece sobre el diálogo de necesidades, y el panel avisa cuando los dos sitios dejan de coincidir.
En cada aspersor se ajustan el radio de alcance y el ángulo de barrido, con botones rápidos de 90, 180 y 360 grados para esquinas y bordes, además del caudal, la presión de trabajo y la pluviometría que indica la ficha del fabricante. El campo de sector es el que conecta el dibujo con el cálculo: escribe en él el mismo código que diste a la zona.
Las tuberías se trazan punto a punto y admiten diámetro, material, presión nominal y cotas de inicio y fin cuando hay desnivel. Al seleccionar un tramo verás su velocidad del agua y su pérdida de carga; si la velocidad supera los 2 metros por segundo aparece un aviso para aumentar el diámetro, porque una velocidad excesiva produce ruido y golpe de ariete. Ten en cuenta que los vértices de tubería solo quedan anclados a las arquetas: si mueves un aspersor o una válvula, tendrás que arrastrar el vértice hasta su nueva posición.
Reparte el riego en sectores y comprueba que encaja
Un sector es un grupo de emisores que riegan a la vez, gobernados por una electroválvula. Existen porque casi nunca hay caudal para regar todo el jardín de una sola vez. Puedes escribir el código de sector en cada elemento o utilizar la autoasignación, que da a cada emisor sin sector el código de la válvula más cercana; conviene revisar después el resultado. Como reglas prácticas: una electroválvula por sector, ningún sector por encima del caudal disponible y sin mezclar aspersión y goteo en el mismo turno, porque aplican agua a ritmos muy distintos.
La sección de demanda de diseño contrasta lo calculado con lo dibujado. Muestra el consumo punta y la zona crítica, el caudal disponible por turno y una línea por cada sector con su caudal, su pluviometría real y los minutos de riego al día, además del tiempo total frente a la ventana diaria que fijaste. Los mensajes en rojo señalan problemas que impiden que la instalación funcione, como un sector que pide más caudal del disponible o un ciclo que no cabe en la ventana. Los mensajes en ámbar avisan de zonas sin emisores, sectores sin válvula o tecnologías mezcladas.
La causa más frecuente de esos avisos es una errata en el código: escribir Z1 en la zona y z-1 en los aspersores. Para revisar el reparto sobre el dibujo, la simulación enciende los sectores uno a uno como lo hará el programador; es la forma más rápida de detectar un rincón sin regar o un aspersor asignado al turno equivocado.
Prepara la programación y la hoja para la obra
Al abrir el programador colocado en el plano se despliega el cuadro de programación. El tiempo de riego de cada sector resulta de dividir el agua que hay que aportar entre la velocidad a la que ese sector la aplica, y esa pluviometría la deduce el programa del caudal del sector y la superficie de su zona. Tú ajustas la hora de arranque, cada cuántos días se riega y el mes que quieres detallar, que normalmente será el mes punta.
El resultado es una tabla con el ciclo del mes elegido —qué salida, qué sector, a qué hora empieza y termina cada uno— y un cuadro anual con los minutos por riego de cada sector en los doce meses. Si el ciclo no cabe en la ventana de riego, la duración total se marca en rojo; si hay más sectores que salidas en el programador, también se indica.
Conviene saber que no existe un formato que los programadores de riego lean directamente: cada fabricante tiene su propio sistema y ninguno acepta un fichero genérico. Por eso la salida realmente útil es la hoja de programación imprimible, que el instalador se lleva a la obra para teclear el equipo. Las exportaciones a CSV y JSON quedan para tus registros y para futuras integraciones.
Saca las mediciones y llévalas al presupuesto
El apartado de mediciones devuelve el recuento completo de la parte de riego: aspersores agrupados por modelo, boquilla, radio, arco y caudal; emisores, válvulas, raccords, arquetas y programadores por tipo; y los metros de tubería y de goteo con el número de goteros. Cada elemento del plano puede llevar asociado un material del catálogo, que es lo que permite valorarlo después.
La cantidad se comporta de dos maneras. Los elementos sueltos cuentan unidades, mientras que la tubería y el goteo cuentan metros medidos sobre el trazado: si alargas una conducción, los metros suben con ella. Si necesitas ajustar una cantidad a mano para contemplar mermas o solapes, el campo se queda fijo y aparece un botón para volver a medir del plano cuando quieras recuperar la medición automática.
De ahí salen dos documentos: el PDF de mediciones, sin precios, pensado para el instalador o para pedir oferta a un proveedor, y el albarán valorado, con imagen, código, características hidráulicas, cantidades, precios e impuestos. Ambos se generan del plano guardado, así que el programa avisa si quedan cambios sin guardar. El paso del albarán al presupuesto todavía es manual, pero sí puedes adjuntar el plano al presupuesto para que se imprima como anexo y el cliente vea el trazado junto a las partidas.
Lo que sigue decidiendo el proyectista
El programa acompaña el diseño, no lo sustituye. Avisa cuando la velocidad del agua en un tramo es alta, pero el diámetro de cada tubería lo eliges tú; tampoco deduce el caudal de un tramo sumando los emisores que cuelgan de él, ni calcula la presión que llega al aspersor más desfavorable. Conviene tener presentes estos límites al revisar un proyecto antes de ejecutarlo.
Para presentar el trabajo al cliente, la impresión de riego permite previsualizar y guardar en PDF tanto el plano general como el informe de riego, con las zonas, las necesidades mes a mes y los elementos proyectados. Entre ese informe, la hoja de programación y el albarán valorado queda documentado qué se ha proyectado, cómo se riega y qué material hace falta.